Apuntes sobre las marchas, la represión y los “tirapiedras” del 27J y 28J

27 jul

Por las redes sociales se han empezado a verter diversos comentarios de diferentes sectores (entre derechas e izquierdas) tratando de acuñar -una vez más- la supuesta e intrínseca relación: “anarkos=tirapiedras, violentistas, provocadores y vándalos sin partido”. Generando cadenas de comentarios tratando de desmarcarse de estas odiosas comparaciones y salir a decir que “los vándalos deben ser denunciados y separados de los ciudadanos de bien que piden democráticamente por sus derechos”.
Más allá de centrarnos en lo que dicen tales o cuales sobre lo “anárquico” de las recientes marchas apuntemos otros aspectos:

Es claro el hecho de que gran parte de la masa movilizada ha salido a las calles por sus propios medios, por su propia indignación o por sus propias demandas, por fuera de estructuras arcaicas de partidos arcaicos o de grupos políticos con intereses particulares.

Se ha visto gran efervescencia en cuanto al nivel de combatividad y radicalización de la lucha en sí, generando tensiones naturales al interior de la masa movilizada respecto a qué mecanismos de protesta levantar y cuáles descartar. Además es fácil afirmar -no solo por lo visto en las recientes marchas sino por todo un proceso que viene de años atrás- que los “grandes” partidos de izquierda y sus aparatos políticos ni representan a los manifestantes ni saben interpretar el malestar o los avances populares dados en los últimos años.

Por un lado, el recientemente formado Frente Amplio que con sus comunicados y sus banderines intenta mostrarse para las fotos como la vanguardia de las jornadas de protesta cuando están bastante lejos de sintonizar con el quehacer de los nuevos colectivos sociales y por otro los diversos grupos de izquierda más independientes o pequeños que también intentan jalar agua para sus molinos. En este punto nos referiremos a una reciente declaración de los compañeros del Partido Pueblo Unido que en su volante “Las calles se toman para construir el poder – 5 tesis sobre la coyuntura actual” hace críticas interesantes a la izquierda oficial y sus maniqueísmos, además hace hincapié en el carácter de mero espontaneismo de las protestas últimas como algo no tan cierto y además incorrecto.

Creemos que negar totalmente la espontaneidad de las masas sería tratar de encuadrar ciertos descontentos sociales a nuestras medidas ideológicas, pero también creemos que darle todo el protagonismo al factor de espontaneismo es mero idealismo y poca seriedad en los análisis políticos. Pero creemos que como revolucionarios nos toca la tarea de la lectura dialéctica de la realidad, entendiendo que las masas que son quienes hacen la historia muchas veces están en rumbos distintos a los manuales ideológicos que tenemos. Esto debería ser un punto básico de auto-crítica y no simple desdén.

Concordamos en aquello de que no es lo mismo la “izquierda” que el pueblo que está a la izquierda y a partir de esto deberíamos construir nuevos mecanismos de auto-organización y real inserción militante dentro de las bases sociales en convulsión. Más allá de banderas o de siglas, de cara al fortalecimiento de los que luchan desde abajo.

Del mismo modo rechazamos el insistente maniqueísmo al que recurre el Partido Pueblo Unido en su mismo volante al afirmar “el pueblo consciente y organizado ha ganado las calles en todo el Perú, no es una abstracción anárquica y espontánea”. Lo rechazamos pues solo la miopía ideologizada no nos permitiría ver que nuevos aires recorren las luchas sociales en nuestro país. Los partidos de todo tinte están en total descrédito y no representan más que sus afiliados (los libertarios no negamos el papel o la importancia de la orgánica política especifica como columna de dirección dentro de los procesos sociales, justamente por eso apuntamos en criticar y auto-criticar en la debilidad e inercia de los tantos partidos de izquierda, empeñados en disputas intestinas y no en construcciones revolucionarias concretas aquí y ahora).

Existe un real espíritu libertario dentro del nuevo panorama de acción y movilización que puede traducirse en las creativas y combativas jornadas de luchas recientes donde se pueden ver con más claridad mecanismos de acción directa, horizontalidad, autogestión, asamblearismo y poder popular desde abajo y entre todos. Estos conceptos son levantados histórica y programáticamente por el anarquismo organizado y su impacto se traduce en las nuevas relaciones de lucha y resistencia que se vienen dando.

No es que afirmemos que el anarquismo está en la vanguardia de algo, claro que no. Por el contrario, no deja de ser una corriente marginal y con poca incidencia política pero hablamos de la praxis en si, del contexto de dinámica en sí, allí si hay claridad en la forja de nuevas demandas antiautoritarias dentro de las cuales se puede ir moldeando algo más.

El anarquismo es propuesta y acción, es movilización y construcción, es antidogmatismo y firmeza en las ideas, es convicción y humildad. El tema de la violencia que puede ser inherente a esta corriente está lejos de ser entendida como la tratan sus “críticos” demagogos, liberales o “izquierdistas democráticos”. Quien tira una piedra o coge un palo para luchar es ante todo una persona, trabajador, estudiante, desempleado, ambulante, campesino, indígena, etc., y los motivos para sus acciones también son diversas. Sería bueno superar el prejuicio burgués del buen ciudadano que señala a los malos, a los diferentes, a los peligrosos, olvidándose que para el sistema todos los que salimos a pedir algo justo ya somos peligrosos o posibles terroristas, ¿lo olvidan?

La violencia debe ser entendida en la medida del contexto donde se desarrolla, debe ser analizada objetivamente y sin prejuicios ni endiosamientos obtusos. No es menos luchador quien marcha y lucha a diario que quien se cubre el rostro y tira piedras. Así como tampoco es “provocador” quien enfrenta la represión del Estado y le planta cara a la violencia de la policía. Sin embargo sí creemos que cuando los actos son aislados o marginales terminan perjudicando al resto de la movilización que tiene otro objetivo de marchar. Nadie debería imponer formas de luchar a nadie, sino que debería darse como consenso o medida colectiva luego de coordinaciones o asambleas. Pues la violencia de masas como mecanismo de autodefensa se transforma es un proceso de liberación y hasta revolucionario.

Finalmente, seguimos insistiendo en que es tiempo de dejar de mirarnos el ombligo, romper con el sectarismo, salir del marasmo sobreideologizado y construir alternativas de poder popular y libertario. Es urgente irrumpir en el escenario político con nuevas propuestas y asumir la tarea de ganar protagonismo y direcciones en las masas descontentas.

La mejor crítica a los otros sectores políticos no es la descalificación ni la vulgarización de los términos, no es el ataque permanente y sin propuestas desde nuestros espacios de reflexión. Es cierto que hay que ser firmes con los sectores que hoy como siempre pretenden copar nuestras demandas y hacernos carne de cañón para sus intereses. Es cierto que debemos desenmascarar a los traidores del pueblo sea cual sea su línea y es cierto que debemos rebasar parámetros autoritarios y caudillistas impuestos, pero mejor aún es discutir, construir y luchar.

Franz García Uceda – Unión Socialista Libertaria

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